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Mostrando entradas de mayo, 2012

EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA

CUANDO LO TRISTE ASOMA

Cuando lo triste asoma se acomoda en rincones hasta entonces inéditos.
Cuando lo triste asoma, transfigura los gestos en inflexibles muecas.
Cuando lo triste asoma, regresas a la infancia de inconsistentes miedos.
Cuando lo triste asoma, la esperanza se esfuma y da paso a la duda.
Cuando lo triste asoma la rosa regalada se agrieta y se consume.
Cuando lo triste asoma, ya no me quedan manos para que me recibas.
No me busques rincones, no perfiles mi mueca, no des paso a mis miedos, no mates mi esperanza, no marchites mi rosa, no retires mis manos. No las quites.
No dejes que lo triste se asome a cada paso.
Y si lo haces, avísame con tiempo aunque el tiempo no sirva.

María García Baranda 2011

LEALTAD (I)

Hoy reivindico la aceptación de la propia identidad. Reivindico ser fiel a lo más privado de uno mismo. Reivindico la vida en absoluta libertad de pensamiento y sentimiento. Reivindico el ser capaz de dar rienda suelta a los más íntimos deseos, quereres y objetivos. Reivindico el derecho a no sentirse juzgado. Reivindico la valentía a seguir el propio camino a pesar de sentirse observado, juzgado e incluso psicoanalizado. Y lo que es más, reivindico el respeto ajeno ante las diversas opciones de vida existentes. Reivindico la empatía ante los sentires, miedos y sueños ajenos.

Nadie dijo que vivir en sociedad y acoplarse a las circunstancias fuese labor fácil. De hecho, creo, nos volcamos en ello con absoluta dedicación. Sin embargo, se nos olvida en la mayor parte de las ocasiones el paso previo y fundamental: sentirse en paz con uno mismo y hacernos justicia. Sernos absolutamente leales, aunque se desmorone el mundo que nos rodea. Y es éste asunto primordial, porque mal …

TARDES DE INVIERNO

Volvía cada tarde del colegio contando a mis padres las andanzas del día. Pelos y señales de cada conversación, de cada juego, de cada anécdota... Olía a frío. A madera, a hojas secas, a lluvia, a castañas asadas, a katiuskas, a ruido de niños. Olía a tardes de invierno plácidas y sencillas. El “baby” aún puesto, bajo el abrigo y recogido como si de un delantal se tratase, porque en su interior guardaba celosamente manzanas pequeñas y arrugadas, caídas de los árboles del patio. "¡Mi madre podría hacer una tarta con ellas!".        Al llegar a casa, tocaba merendar: bocadillo de salchichón, o de chorizo, o de bonito en aceite,... Sabrosos, pero ¡eternos! Después deberes: el deber siempre antes que la diversión; pero es que en este caso no había línea divisoria entre ambos. Y lo mejor habría de llegar después: charlas, canciones, teatrillo improvisado y espontáneo, cariños, juegos con mi hermano del alma -mi compañero-, y con mis padres. Siempre atentos. S…