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Mostrando entradas de marzo, 2014

RELATOS ENCRIPTADOS (IV)

Había leído aquella novela media docena de veces, pero nunca había reparado en esa palabra como en aquella ocasión. Se le erizó la piel y sus ojos comenzaron a brillar con la fuerza de los cuerpos celestes. Con un movimiento cuidadoso cerró el libro y lo apretó fuertemente contra su pecho como si quisiera atesorar en lo más hondo la fuerte impresión que había sentido, y que le había provocado un fuerte escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, desde la punta de sus pies hasta el último rizo de su pelo. Sonreía, entendía el concepto con una intensidad vívida que sabía poco habitual. Los presentes, figuras desdibujadas a su vista, se percataron de que algo extraordinario le estaba sucediendo. La miraban inquisitivamente unos, con curiosidad otros, queriendo averiguar con avaricia el contenido de aquellas letras que la habían transformado la expresión del rostro. Comenzaron a especular sigilosa e individualmente, para después dar paso a un sinfín de cuchicheos. Se oían comentarios acerc…

POR ENCIMA DE LO APRENDIDO

No sé si fue Ícaro el primero en intentarlo, inmerso en la soberbia de alcanzar un estado no destinado al hombre. Y por más que la derretida cera de sus alas moldeen la imposibilidad de tocar cuanto no está a nuestro alcance, el ser humano, único en estupidez y prepotencia, no asume sus límites. Comprendamos, eso sí, que si bien desprender nuestros torpes pies de la superficie no es posible, es nuestro inagotable imaginario quien nos lleva a sobrevolar los más sorprendentes estados. Cada miga de pan recogida en el sendero y engullida, a veces, sin la ayuda de unas míseras gotas de agua que las hagan resbalar por nuestra garganta, nos eleva un pie de altura sobre el anterior. Y avanzamos. Sobrevuelo, sí, estados antes inimaginables. Se deslizan por mi epidermis cotidianidades que hace un tiempo calaban hasta escocer. Y estoy contenta de saberme por encima de banalidades que ya no son para mí. No es soberbia ni engañoso dominio, simplemente no pierdo el tiempo deteniéndome en lecciones y…

CUIDADO CON LO QUE DESEAS

Día corriente. Me levanté temprano, a poco más de las seis, y de un brinco puse mis pies descalzos sobre la alfombra. No tardé en sentir el contraste del frío exterior con la tibia temperatura alcanzada durante el sueño, complejo, por cierto, inquietante incluso. Sin pensar apenas, me dirigí a la cocina dispuesta a desperezarme, aunque creo que no me llevó más de treinta segundos poner la maquinaria en marcha. No sabría ahora reproducir ordenadamente en qué pensé, pero sí tengo la sensación de que ya entonces supe que eso me ocuparía la mente durante todo el día. Abrí el grifo de ducha y me concedí unos minutos más de los habituales para sumergirme en mis pensamientos. Mientras me esfuerzo en recordar me doy cuenta de que he olvidado las conclusiones sacadas y los propósitos acordados conmigo misma, pues al fin y al cabo sé bien que con determinadas influencias rompería el contrato en mil pedazos y reharía mi plan: acción, reacción. De lo que sí estoy segura es que en ese día que apena…

POEMA DEL DÍA... (y de esta noche)

LAS PRIMERAS MIRADAS, Mario Benedetti

MI INCONSCIENCIA

Trato de mantener a raya a la inconsciente que en mí habita y sin embargo, de tanto en cuanto aflora y me desarma. Saber más de lo debido no siempre es conveniente, pero la tentación, latente e incluso a veces manifiesta, se agazapa en rincones desde los que asoma para atacar a traición. Y ahí sí, ahí quisiera leer las mentes de la gente… y aún más, sus miradas, sus almas. Peligrosa inconsciencia esta que empleo con doble fin: aplacar la tendencia a autoculparme por ocasionales comportamientos ajenos y afianzarme en el descarte de mis primeras impresiones, muchas veces certeras.
Si lo pienso bien, sé que debería esforzarme en combatir tales asuntos, pues tal tendencia se mancha de cierta dosis de absurda inseguridad, incongruente con el pisar fuerte que trato de marcar a cada paso. ¿Por qué dudar de mi intuición?, ¿a qué pensar que estoy equivocada cuando alguien me transmite con los ojos?
Pero me envuelve, me enreda, y hasta me vence. Y en tales momentos sobrevuela en mí una sola idea:…

AMANECER III

CAMINA SIN MIEDO

El miedo, sensación adherida a la piel con el poder supremo de paralizarnos ante situaciones en las que, sin duda, tenemos inteligencia y experiencia suficientes para vencer. Y sin embargo, omnipotente él, nos atenaza hasta diezmar nuestra capacidad de reacción. Preguntemos a cualquiera y comprobemos la repetida lista: a la propia muerte, naturalmente; a la soledad, matizando que esta es no buscada; a la enfermedad y su consiguiente dolor; a la pérdida de un ser querido –mi talón de Aquiles, sin duda alguna-; al futuro y lo desconocido que este entraña; al fracaso y el no cumplimiento de los sueños; a la crítica y al absurdo qué dirán; a -para mi asombro- ¿enamorarse?
Por supuesto, como la inmensa mayoría y para mi desgracia, padezco algunos de ellos. Otros, como se puede ver, me sorprenden hasta el pasmo. ¿Se puede tener miedo a enamorarse? Obviamente son muchos los que lo padecen y aunque solo sea por esa razón, mi respeto. Pero si me dejo llevar por la intransigencia, puedo tal vez …

AMANECER II

AMANECER I

Las tormentas nos han abandonado y se instalan discretamente los primeros rayos de sol que tratan de hacerse un hueco visible y bien asentado. Los recibo con una sonrisa sincera y amplia, cierro los ojos y me dejo ir por una brisa renovadora que me tiene absolutamente fascinada. Hubo un tiempo, prudencialmente lejano ya, en el que había perdido la esperanza de que el largo invierno llegara a su fin. Frío, como es natural, pero especial y cruelmente gris. No era para mí. No iba con mi concepto de la vida y me apagaba el alma hasta el punto de arrancarme la capacidad de reconocer a la gente con solo mirarla a los ojos. Si he de ser honesta, tal sensación había ido saliendo de mi cuerpo paulatinamente, como si este, sabio y paciente, hubiera querido prepararse para la llegada del buen tiempo. Fue una tarea íntima y estrictamente individual, no achacable a nada ni a nadie, salvo a mis fuertes deseos de renacer y recuperar mis orígenes. Ahora ya puedo decir: estoy lista y lo he logrado. En e…

LLÁMENME IDEALISTA...