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Mostrando entradas de noviembre, 2014

EL DEPORTE NACIONAL

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Y no va de fútbol este artículo, ¡lo juro! Ya lo siento, pero el tema no es santo de mi devoción. Estas letras se las dedico hoy a otro deporte, afición, hábito, tendencia, vicio, del que siempre se ha dicho ser más español que nada: dejarse envolver por la cegadora maraña de la envidia. Ignoro por completo si el carácter español es más proclive a ello que otros; para averiguarlo tendría que adentrarme en la antropología más añeja, pero lo que sí sé es que es tan viejo como el hombre. El mito de Caín y Abel, Némesis y Ptono, Ovidio y sus Metamorfosis, Jacinta, Abel Sánchez,… nos sobran los ejemplos y las motivaciones.             ¿Por qué tú sí y yo no? Injusta diferencia que marca tu éxito y mi supuesto fracaso. El envidioso mira y observa, anhela y se revuelve en su propia existencia, pero no admira los logros ajenos. La admiración, sentimiento blanco, reconoce y ensalza las virtudes, mas si se tiñe con elucubraciones respecto a los porqués de dichos frutos genera una man…

LA REPÚBLICA DE MI INDEPENDENCIA

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Hace algún tiempo ya que aprendí la lección más importante de mi vida. El caminar que uno elige trazarse se desarrolla en absoluto estado de independencia física, moral, emocional,… Nos rodeamos de compañeros de vida que van y vienen -e incluso algunos se quedan-, pero el éxito personal reside en no depender de nada ni de nadie. Podremos contar con nuestros afectos, acurrucarnos en ocasiones, compartir espacios y reposar la cabeza en algún que otro hombro, sí, pero quien no asuma que dicha independencia es la más vital de nuestras metas está destinado al más rotundo de los fracasos. Y sí, lo reconozco, como vulnerable y humana que soy, claro que he caído en estados de dependencia incluso tóxica, pero como rectificar es de sabios, me dije: ¡finito! De todo grado alejado de ser una coraza, es más bien sentido común. Desde entonces tiendo mi mano, sí, pero no para sujetarme y no caer, sino para ofrecérsela únicamente a quien sepa agarrarla incluso antes de que yo haya terminado de marcar …

MERECE LA PENA

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Merece la pena adentrarse en el mar de lo desconocido y dejarse ir sin sextantes, sin rumbo, sin destino. Merece la pena despojarse de etiquetas y de fórmulas, de patrones prefijados por quien apenas sabe de la vida ajena. Merece la pena desnudarse de prejuicios y mirar a la cara de la gente, respondiendo tan solo a la llamada aguda de su voraz instinto. Merece la pena no saber y no darle importancia al desconocimiento de cuanto haya de venir a llenar esos días y esas noches.
Merece la pena… Devolver una cómplice sonrisa esbozada en idiomas que solo dos conocen. Abrigar la caricia pausada en la penumbra de una cálida noche. Y besar lentamente hasta morder el cuerpo, hasta morderse el alma. Y regalar la mirada punzante a unos ojos hambrientos de sentires. Y dormir sin pasado, y soñar sin mañana.
Por todo eso, tan solo por eso,… merece la pena.





NO ES FRÍO LO QUE EN MÍ HABITA

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Siempre he sabido la blandísima materia de la que está hecho el corazón humano. Por lo que al mío respecta, sospecho que este ha estado largo tiempo sometido a braseros candentes, pues con relativa frecuencia relaja su silueta y toma un estado casi viscoso y dúctil. No reniego de ello, al contrario. Lo declaro sin la falsa modestia abandonada gradualmente con el paso de los años. Y no siento vergüenza alguna por hablar de mí misma en tales términos, pues bien creo que me lo he ganado. Continúa el camino y en él se va una topando con situaciones y experiencias tras la que llega la metódica reflexión sobre las propias reacciones. Reconozco mi sorpresa cuando se me presenta una considerable falta de afectación. Y busco las causas. Mi lado más crítico me hace pensar en qué tal vez los tropiezos de la vida han traído consigo una cierta dosis de endurecimiento. O tal vez se trate en un aumento de la capacidad de relativización. Ojalá, pues no quisiera jamás saberme fría ante una decepción o …

VIVIR EN OTRA PIEL

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Y traté de ponerme en otra piel con la osadía de quien usurpa el sentir ajeno. Prometo que fue un intento de tender la mano hacia el frente, sin pretensión alguna de invadir un espacio que no me corresponde. Lo hice sabiendas de que no es posible vivir por los demás, sentir su desazón ni sus euforias. No se puede dirigir al resto hasta la puerta de salida fácilmente identificada por quien, con reconfortante visión, se encuentra al otro lado. Los cargos con sus cargas y cada uno con su equipaje de viaje; ya, ya lo sé. Una y otra vez me repito: ¡detente!, pues privar de experiencias al resto se me antoja de un egoísmo y prepotencia supremos. Y al tiempo me revuelvo en mi asiento, deseando susurrar las palabras justas al oído de quien pide a gritos mudos oírlas. Medito al respecto y mi único temor reside en que quizá no se encuentre en capacidad de escuchar más allá de su propio latido. Respetable vivencia, poco práctica acaso, pero tan natural como mis intenciones.

Si me escucharas, sabr…

MEA CULPA

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Los ciclos de la vida van dejando amargos polvos a su paso. Es precisamente la aceptación de ese carácter cíclico lo que nos permite seguir adelante, pero no por ello la muesca provocada es menos profunda. Consciente, como soy, de que yo misma probablemente iré clavando puñales a mi paso, no tengo pudor alguno en reconocer mis desmanes y solicitar clemencia al agraviado. Sin embargo hoy miro el escaparate desde el otro lado y entono un mea culpa inverso. Por entregarme sin límites y sin medir las consecuencias de su devenir inevitable. Que a lo bueno es fácil acostumbrarse y de la costumbre al abuso va un paso. Que no todo vale.Que empatizar en demasía con quien queremos nos hace volvernos indulgentes con ciertos comportamientos que habrían de ser intolerables. Que dado que el ser humano es egoísta por naturaleza, forzarte a comprender lo incomprensible da al otro carta blanca para campar a sus anchas por tu interior, abrigado con una espesa manta de desconsideración. Que no poner un p…