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Mostrando entradas de enero, 2017

LOS SENTIMIENTOS SON ARMAS DE DOBLE FILO

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Los sentimientos son armas de doble filo, puntiaguadas, cortantes. Dos platillos de una misma balanza que combaten por ver quién caerá por su peso. Las caras y las cruces de monedas vigentes o acuñadas en falso. El pro y el contra, el frío y el calor, la oscuridad del día y la luz en la noche.    Los sentimientos llenan, alimentan y sacian. Limpian y pulen. Engrandecen. Y también nos consumen, nos vacían, nos secan. Nos agrietan la piel de puro miedo, puras contradicciones, de puro ego.    Sentir nos hace nobles, generosos y dulces. Y crueles, mezquinos y lineales. Nos permite soñar, imaginarnos. Mientras que el pensamiento va expulsando un veneno verdoso que nos mata por dentro y que contagia el alma al contrincante. Que le irrita la piel y hasta el espíritu.    Porque no hay un amante que no hiera, que no exija y no dude. Que no rabie por dentro. Que no reproche amargas las palabras. Que no confunda el curso de las cosas. Contradictoriamente. De amor. De puro amor amable que siempre …

NADA DURA. Y ESO NO ES TAN MALO.

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Nada dura para toda la vida. Para empezar, ni siquiera nosotros mismos lo hacemos. ¡Como para pretender que lo haga el resto!  Y qué mal solemos llevar esa idea, francamente. Una pareja para toda la vida, un matrimonio para toda la vida, unos amigos para toda la vida,... La misma casa, la misma ciudad, la misma profesión, el mismo puesto,... Si hubo un tiempo en el que eso tuvo algún sentido, eso ya se acabó, señores. Si hubo una época en la que no se aspiraba a vivir de otro modo, fue en otro siglo. Si hubo una edad en la que yo creí que eso era la vida, esa ya la pasé. Y estoy contenta por ello. ¡Eureka! Por haber sido capaz de ver que la historia no es así y por no hundirme al resistirme a que así fuera. Que todo tiene fecha de caducidad y no es una hecatombe.       Ya aprendí la lección de que no hay nada más frágil que los sentimientos. Que estos se transforman y hasta se evaporan. Y que no pasa nada por ello. Yo misma sé lo que es enamorarme y desenamorarme. Varias veces. Y a…

CAMBIA TÚ

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No sé por qué los seres humanos esperamos siempre a que sean los demás los que cambien. A que cambien sus caracteres, a que cambie la vida, a que cambie la forma en que ven las cosas los demás. Lo hacemos todos. Una y otra vez. Nos rompemos la voz explicándole al otro qué esperamos que haga. Y cómo. Y por qué. Y así pasan los días, las semanas, los meses. Y los años. Pero no hay resultados. Porque eso esperado no sucede jamás. Porque solo esperamos por dos motivos, nada altruistas por cierto, que nada tienen que ver con la paciencia, con la esperanza, con la bondad, ni con la ceguera inocente. Esperamos el cambio ajeno, porque no somos capaces de aceptar la verdadera cara de las personas, lo que no habrá de mutar jamás. Y asimismo, esperamos el movimiento externo, porque no nos miramos a nosotros mismos ni analizamos si somos nosotros los que precisamos de ese cambio, cómo y por qué. Luego dos son los motivos, en efecto, que se traducen en rasgos como la cabezonería, el egoísmo, la…

ME GUSTAS

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Me gustas,... porque eres sensible.  Porque te afectan las cosas en su medida.  Con mesura unas veces. Y desmedida otras.  En su justa medida, sí. Justamente la tuya. Porque cuando te enfadas es con garra, con fuerza. Porque ríes con ganas.  (Con muchas, muchas ganas; y muchas, muchas veces). Porque me la contagias, la risa.
 Y me das alegría con tus cosas. Porque eres obstinado con lo tuyo, y no das la razón, así te maten. Y no dejas hablar cuando te indignas. Y hablas sin cesar. Y muy, muy rápido. Y no escuchas. Y no tienes paciencia, si crees que es la tuya la razón. Pero después de un rato, de una hora, de un día, un mes o un año... no echas al olvido otras ideas. Y las piensas, quizás. O las dejas ahí en ese estante, por si te hicieran falta. Porque sales corriendo, si te sacan de quicio. Y no mandas al cuerno, aunque lo pienses. Te largas a tu aire. Y te enfurruñas. Pero luego regresas. A tu ritmo.  Cuando tú así lo crees. Eso solo tú sabes.
Me gustas  porque si eres consciente de que hay algo que hiere, e…

CADA PALO QUE AGUANTE SU VELA

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Hablando de malas costumbres. Tenemos una mala, malísima. Y la tenemos todos, en mayor o menor medida. Cargar fuera lo que ha de ser cargado dentro. Cuando somos niños es más que lógico, comprensible y lícito pretender que nuestros mayores nos solucionen los problemas, nos alivien, nos liberen.  Lo material es fácilmente asumible a esas edades, y lo emocional suele tener fácil remedio tan solo con un beso, una caricia y una palabra de aliento. Pero crecemos y obviamente nos damos de bruces con la imperiosa necesidad y, al tiempo, la exigencia de ser resolutivos. Con todos y con todo. Lo material se encuentra fuera de todo derecho a queja. Hemos de saber capear temporales, remediar entuertos, quitar hierro y quejarnos lo mínimo. Y de lo emocional se espera más o menos lo mismo. De pronto, en cuatro días como quien dice, tenemos que habernos convertido en superhéroes y no padecer ni sucumbir. ¿Me puede decir alguien eso cómo se hace, dónde se enseña, dónde se aprende y cómo se logra?…

CREANDO MONSTRUOS

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Miércoles, dos últimas horas lectivas del día. Hoy he puesto en clase la película American History X (Tony Kaye, 1998). Obra genial. Soberbia la película y soberbio su protagonista, Edward Norton. Sus destinatarios, mis alumnos de Formación Profesional Básica. Majos chicos, notablemente jóvenes aún -15/16 años-, y sin muchas ganas de estudiar. Están ahí para aprovechar la oportunidad de obtener una titulación y comenzar a meter la nariz en una profesión, a ver qué se cuece ahí, a ver qué pasa,… Todos ellos están ya de vuelta de exámenes, horas de clase, riñas, expulsiones, absentismo, malas contestaciones, y boletines de notas con carros de suspensos. El aula es para ellos territorio especialmente hostil y las clases convencionales les provocan instintos incendiarios, poco menos. Tampoco penséis que una clase medianamente innovadora atrae especialmente, no. No les gustan las clases y punto. Salvo alguna excepción, les falta bagaje cultural. Y dichos casos coinciden igualmente con …

OPINIONES INDECENTES, MALDAD EN ESTADO PURO

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Hoy me iré a dormir con la idea de que el ser humano es más cobarde de lo que yo calculaba. Me iré a la cama habiendo dado un pasito más en mis temores, y con una certificación más honda de cuán pusilánime puede llegar a ser el hombre cuando no teme represalias. ¿Por qué hoy? Solo he tenido que leer la prensa, echar un ojo a las redes sociales y quedarme pensando, mientras miraba a un punto fijo, sobre lo fácil que resulta verter opiniones indecentes al aire, si no hay ley que castigue. Bien temprano comencé a ver noticias y columnas de opinión centradas en una muy certera indignación hacia la repugnante utilización que algunos usuarios hacen de las redes sociales. A raíz de un suceso concreto, el fallecimiento de un personaje público, internet se había llenado de palabras de mal gusto -injuriosas e insultantes muchas de ellas-, que en pocas horas habían corrido como la pólvora. Y el fenómeno no es nuevo, aunque yo no me inmunice ante esas muestras de falta de humanidad que nos ro…

DISCUTIR HASTA QUEDARME AFÓNICA

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Quiero discutir hasta quedarme afónica. Sí. Eso es lo que quiero. Y que se me hinche la vena de la garganta. Y salirme de ese quicio al que estoy sujeta. Y desesperarme de impotencia por no lograr convencer. Y que hierva la sangre hasta burbujear de disconformidad. Eso quiero, de verdad que sí. Y que al ocurrir eso no provoquemos el Cisma de Occidente. Ni la Tercera Guerra Mundial. Ni la Guerra Fría en versión dos individuos. Porque quiero poder discutir hasta el límite que la situación requiera, sin el peligro de mandarse al cuerno por los siglos de los siglos, sin la amenaza de que eso suponga perderse y sin el despropósito de no saber a ciencia cierta que es parte de las relaciones humanas. Y muy necesaria. Con miga.      Discutir hasta el extremo si la cosa es seria y lo requiere, siempre por un bien mayor y con fines constructivos, claro. Porque es la traducción de dos puntos esenciales. Uno es que hay material del que hablar, del que discrepar, que plantearse, con el que romperse…

SOMOS LO QUE PENSAMOS. SOMOS "CÓMO" PENSAMOS.

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Somos lo que hacemos. Somos lo que decimos. Somos los que pensamos. Somos los que sentimos. Somos lo que comemos. ¡Coño, claro!, ¡no vamos a ser lo que hace, dice, piensa, siente y come el vecino! La cuestión es que tanto filosofar con estas obviedades, me desperté pensando hasta qué extremo llegamos a ser víctimas de nosotros mismos. Víctimas y verdugos pues, pues tal y como funcionan nuestros procesos mentales, nos salen las cosas. De A a B. Sin más ni más. O en lenguaje de andar por casa: de aquellos polvos vienen estos lodos.     El asunto es simple. Todos vemos a diario cómo hay personas que no se complican en exceso la vida. Tampoco se la complican a los demás. Solemos pensar que todo les va de cara, que la vida les fluye. Solemos verlos como seres simples, más que sencillos -por otro lado, porque en efecto lo son-, sin demasiados quebraderos de cabeza, disyuntivas mentales excesivas, ni vueltas de tuerca. Son así, porque así se forjaron y así se formaron. Porque se nace con …

LA LUZ DE ABRIRSE AL RESTO

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Rodea al ser humano un halo de espacio personal, una distancia íntima que solo a él pertenece, y que debiera ser respetado siempre. Traspasarlo supone una invasión más o menos agresiva, a no ser que seamos invitados a ello. Aunque no todo el mundo lo respete, las normas sociales no dejan lugar a duda al respecto de ello. Pero se me plantea la duda de si esa frontera invisible es tenida en cuenta con el mismo rigor en cuanto a lo más íntimo que habita en nosotros. Nuestros pensamientos más secretos, nuestros sentimientos más privados, demandan un lugar ajeno al mundo y protegido de ataques externos, que puedan conllevar desde lo más leve, que es tener acceso a ellos, hasta lo más grave que es manipularlos, pasando por opiniones y juicios de valor de todo rango. Nuestra intimidad a nosotros pertenece y admitir que todos tenemos una porción privada no es sencillo. Y no me refiero con ello a ser consciente de que guardo en mí un tesoro solo mío, sino a aceptar que nuestra gente, nuestr…

PEQUEÑOS ESBOZOS (XVI): FRÍO

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Muda. Sin voz. Desperté ya sin ella, sin tono de expresión, sin el poder de la palabra. El frío se coló entre las rendijas y me atacó a traición.
Enmudeció mis letras, mis ideas, mi sentir y mis versos.
Me llevó hacia los gestos, a la sobreactuación,
al rictus implacable, a la palabra escrita únicamente.  Y me dejó impedida, desnuda, desvalida. Confundida y extraña. Mirando hacia otro lado, para ver lo que viene,
rebuscando por casa una prenda que abrigue. Que me alivie el temblor. Que me cubra y proteja. El pecho y sus latidos, la cintura y sus curvas,  la voz de mi garganta.  Y los ojos.  Que me abrigue los ojos.  Muda. Sin voz. Desperté ya sin ella. El frío se coló entre las rendijas ... y me atacó a traición. Y qué casual resulta. Pues fuera, allá en la calle, también hace ese frío.  Fuera y dentro,… helador.




HE APRENDIDO POCO, TAN POCO

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He aprendido que no puedo cambiar el curso de los acontecimientos. Que naturalmente puedo elegir, iniciar caminos, variarlos o evitarlos. Y tomar decisiones. Pero que hay muchísimas cuestiones que no están en mi mano. Que la vida también me elige o me rechaza a mí, al igual que yo recibo o rechazo lo que quiero y lo que no. Y que me guste o no, no me queda otra que asumirlo.   He aprendido que aceptar no es conformarse, ni rendirse, sino saber que por más que quiera que algo sea diferente, mi mano no alcanza tan lejos ni a todo.   He aprendido que querer a la gente también es liberarla de tu carga. Y que quererme yo también requiere el mismo gesto.     He aprendido a identificar mi sitio y mi posición. Y la del resto. Y lo he aprendido con tanta precisión que el margen de error es tan solo de milímetros.   He aprendido a volver los ojos hacia la realidad después de sueños, pesadillas, películas y desvaríos. Y a que también me guste. O a que me guste más la versión de lo que allí acont…

MALGASTANDO EL CARÁCTER

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Malgastamos el dinero. Malgastamos el tiempo. La comida, el agua y hasta el ocio. Por malgastar, derrochamos hasta las palabras. Pero me muero de impotencia y de pena cuando me cruzo con personas que malgastan su carácter y con ello su propia vida. Una persona posee una serie de rasgos heredados genéticamente y que conforman su carácter de base. A partir de su nacimiento su forma de ser se verá implementada por la influencia educacional que reciba -familia, escuela y entorno inmediato-, y por su gestión emocional y psicológica de las experiencias que vaya enfrentando a lo largo de su vida. Quién es, lo que es y cómo es dependerán fundamentalmente de sí mismo, porque aunque cuenta con matices de los que le va a resultar difícil y trabajoso huir, por el hecho de estar impregnado de ellos ya en su ADN, o bien por haberlo mamado en su casa, será él mismo el que se encargue de evolucionar y no a la inversa. Esto es, de ir a mejor, de forjarse, de mejorarse, de potenciar aquello en lo …

CONFESIONES ÍNTIMAS

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Creo firmemente en que tan solo hay dos cosas que no se recuperan jamás: el tiempo y la confianza. Cuando eres joven, no le das demasiada importancia a la pérdida del primero, puesto que no hay sentido de la fugacidad. Creémos tener una fuente inagotable de horas y de minutos que perder, que gastar, que quemar y que desperdiciar. Con la segunda ocurre más o menos lo mismo a esas edades. En primer lugar porque la confianza todavía no se encuentra erosionada. Con las experiencias se va descascarillando primero una esquinita, luego otra, y luego otra. Pero de jóvenes vemos aún interminable la lista de personas en las que reposaremos nuestra cabeza y nuestra fe.
Pero cómo cambia la cosa cuando maduramos. Ahí sabemos ya que el tiempo apremia. Lo sentimos en los huesos, en cada arruga de la piel, en cada recuerdo que nos rememora que ya no seremos jóvenes nunca más. Y la confianza,...¡ay, pobre! En su puro esqueleto nos dice cada día al oído que no podemos fiarnos de nuestra sombra, y que es…

EL ASPECTO DE LO INVISBLE

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Nos rodean decenas de sentimientos, actitudes y rasgos de carácter que a veces nos pasan desapercibidos y obviamos, cuando habría sido absolutamente necesario palparlos. Pero, ¿qué pasaría si fuésemos capaces de verlos desde lejos, de saber que se acercan o que se encuentran ahí, cómodamente instalados en nuestra casa? La verdad, siempre he creído que dichas virtudes y defectos resultan identificables con un poco de sentido de la observación. Por eso te propongo algo, haz conmigo una cosa, sigue mis letras y cierra los ojos para percibir lo que en ellas describo... ¿te atreves?

Por todo lo que no se ve ni se oye, se toca ni se huele, pero que juro que tiene textura, forma, color y aroma. Por lo no tangible con los sentidos,  sino con las entrañas. Por todo lo esencial, que aunque invible,  merece ser descrito y ubicado. Probado y delimitado.  Por lo que pueda acontecer. Para curarnos en salud.


La dignidad es de un color blanco luminoso y brillante. Es esponjosa, regordeta y acolchada. Tie…

PLACERES Y CAPRICHOS

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Un niño frente al escaparate de una juguetería se queda absolutamente fascinado con el amplio abanico de posibilidades que se exhiben ante sus ojos. Andariveles de mil colores y sonidos que hipnotizan y le hacen soñar con horas de diversión infinita. Un goloso frente al mostrador de una pastelería percibe cómo se le hace la boca agua de pura esencia de azúcar. Toda gama de sabores dulces, frutales y chocolateados que hacen que se relama de gusto de imaginar el placentero atracón que habrá de darse. Un voraz lector ante una elegante librería siente como se le instalan los nervios en el estómago con solo atravesar su puerta. Ante él estanterías infinitas con la más atractiva oferta de letras de mil tamaños y de páginas de mil texturas. Olor a libros. Tacto de libros. Interminables posibilidades de historias que reflejan exóticos mundos, vidas apasionantes y finales felices.
   ¿Cuántos placeres tiene a su alcance el ser humano?, ¿qué inmensidad de  atrayentes imanes que le permiten pe…

LEER LA MENTE

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¿Lo he contado? Un millón de veces, creo. Los sueños y las intuiciones ponen en mi mano la llave correcta del misterio. Siempre. A lo largo de toda mi vida mi mente me ha hablado de forma cristalina a través de estos dos métodos. El primero traducido en una quemazón repentina en la boca del estómago, seguido de una idea inminente en mi cabeza. El segundo al recordar los detalles de un sueño complejo. Uno y otro me guían y me sacan de dudas. Me tiran del guindo, me arrancan la venda o me hacen volar. Depende del caso. Pero lo que es seguro es que me mueven del sitio. Y siempre por el camino acertado. Sé que el muro que separa mi consciente de mi subconsciente se ha hecho más fino con el paso de los años. Quizás he aprendido a leer(me) entre líneas, a no desconfiar tanto de mis impulsos, a comparar experiencias, a atar cabos y a ser respetuosa con mis sentidos, que al fin y al cabo son los únicos que mandan y tienen vela en el entierro. 
Una puede pensar muchas veces que no calibra correc…

PEQUEÑOS ESBOZOS (XV): ME CONVENCE

¿Sabéis qué?...     No sé si es el tiempo pasado, las veces que disimulo estar herida poniendo una sonrisa o aquellas otras en las que me muerdo la lengua para no estallar de ira y colocar cada cosa en su preciso lugar. Tal vez sea un compendio de todo ello, junto a la idea de que me caso con muy pocos y con muy pocas razones ya. Pero estoy adherida a una idea de la que no hay forma de despegarme: tolero, comprendo y encajo,… pero… Pero muy pocas cosas me convencen realmente por dentro. ¿Alta exigencia? No sabría decir si se trata de eso, pero me muevo por pálpitos internos que son el mejor indicio de lo que me ocupa cuerpo, mente y espíritu. Sí o no. Bueno o malo. Valioso o vacuo. Pálpitos inequívocos que me llevan a discernir aquello que me hace sentir realmente a gusto o a punto de salir corriendo.      Me convencen tan solo ya las vivencias que me sacan una sonrisa, que me acercan a mí misma, y que me permiten hacer las paces con la versión más auténtica de mí. Me convence tan solo …

MAQUILLAR LA VIDA

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Maquillar la vida es contarle a la gente que te va de fábula, cuando por dentro no darías ni un céntimo por muchos de los momentos de tu día a día. Es copar las redes sociales de imágenes de vida apasionante, de momentos divertidos, de cientos de amigos, planes y vivencias,... cuando solo es una puesta en escena. Es contarle a la gente que te sientes tremendamente orgulloso de cómo has enfrentado todos y cada uno de los retos de tu vida, cuando muchas circunstancias te han tirado por los suelos. Es ofrecer una imagen de todoterreno, cuando en realidad eres de azúcar y te vas en un mar de lágrimas. Es pisar con orgullo, seguridad, y hasta con prepotencia, cuando te consideras el ser más imperfecto del mundo. Maquillar la vida es no querer fallar jamás, ni demostrar un defecto, y lo que es más, temer mostrarte mundano y llano ante la idea de que eso ahuyentará al prójimo.      Todos lo hemos hecho, lo hacemos y/o lo haremos. Enseñar lo más bonito. Esconder por pudor lo más feo. Decir…

LA GENERACIÓN DEPENDIENTE

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Martes, 11:45 de la mañana. Tutores, Jefa de Estudios y Orientadora nos encontramos en nuestra reunión semanal preparando las actividades de acción tutorial y orientación a nuestros alumnos. Pronto irán a la universidad y toda la información es poca para ayudarles a elegir su camino académico. Sobre la mesa el tema de su nivel de autonomía, de su responsabilidad, de su capacidad para resolver sus cuestiones vitales: formación, esfuerzo,… Y de nuevo -no es la primera, ni la segunda, ni la tercera vez,…-, comentamos una masiva tendencia que se está sufriendo en los ámbitos universitarios para desagradable sorpresa de los docentes. El tiempo y espacio dedicados a la revisión y reclamación de exámenes está siendo ocupado por alumnos acompañados de sus padres. Alumnos mayores de edad. Alumnos que salen por la noche. Alumnos que se van de vacaciones. Alumnos que viven fuera del domicilio familiar e incluso solos. Sobre la mesa también los casos de padres que acuden a protestar ante los …

RELATOS ENCRIPTADOS: LA FÁBRICA

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    No sabría decir si los cristales de aquella pequeña construcción reflejaban un tono azulado o verdoso. Lo cierto era que mirándolos desde la distancia adecuada simulaban una ondulación aguamarina que bien podría ser la visión de cualquier calmada costa del Mediterráneo en pleno verano. Hipnotizantes, serenos y placenteros los reflejos de aquellas ventanas invitaban a asomarse a su interior. Y así lo hizo, paso a paso y con parsimonia fue aproximándose, víctima de su propia curiosidad y atraída por una apariencia bella y sencilla. Paredes blancas, blanquísimas, de madera rústica, pero bien tratada, que enmarcaban una sutil puerta de entrada a la edificación. Aquella novedad se hallaba en un extremo de su jardín. Este, que había sido prácticamente diáfano durante años, albergaba ahora lo que muchos habrían considerado un coqueto cobertizo de casita de muñecas. Y se asomó. ¡Vaya que si se asomó! Y lo que vio allí dentro la cautivó más aún que su aspecto exterior. En perfecta sintonía…